Crónica publicada en el primer boletín de Ahora Madrid

Hace un tiempo, Ernesto García López me pidió que escibriera una crónica sobre la campaña electoral de Ahora Madrid. Dudé, al final dije que sí y menos mal: mientras la escribía me volví a ilusionar con el proyecto que había dejado un poco de lado los últimos meses. Ernesto también les pidió poemas a Laura Casielles y Juan Carlos Mestre; así de buena compañía en el primer boletín de Ahora Madrid. Copio el texto completo. El pdf se puede descargar aquí.

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Gobernar es escuchar. Crónica de una campaña.

Es el primer martes de campaña en el Parque de Berlín. Llego a este acto de Ahora Madrid preguntándome para qué sirve una campaña electoral. He estado leyendo. Parece que, en estos quince días de rigor, sólo -¿sólo?- se consigue llegar a un 10% del electorado. Parece que, en un mundo como el nuestro de bombardeo mediático constante, la liturgia de la campaña se ha quedado obsoleta. Doy fe. Yo he sido mucho de actos electorales, de mítines y de conciertos posteriores; ahora me da pereza.

Mientras pienso esto, frente a mí, Manuela Carmena sube al escenario, se detiene y aplaude al público que la aplaude a ella. Me impresiona esta imagen espejo: ante la falsa modestia de quienes se creen impunes, aquí recibir aplausos se convierte en un acto puro de humildad. Saluda, dice gracias, dice antes de empezar me gustaría que tomáramos un minuto para disfrutar de la belleza de este acto. Eso dice: disfrutar de la belleza. Eso hago, pararme a contemplar: sillas completas, muchas personas de pie que ya han desistido de protegerse del sol, niñas y niños jugando a pintar un mapa, el vecindario que ha bajado a la calle –una vez más algunas, por primera vez otros– en ese gesto simple de mirarse y escucharse, de reconocerse.

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Los actos se llaman Gobernar es escuchar. Carmena había dicho que no iba a hacer mítines, que las campañas electorales le parecían actos de puro márketing: actos vacíos, donde quien más dinero tiene más figura. Llevamos mucho tiempo, en los barrios, en los vermús de los domingos, con la eterna pregunta de qué hacer ante este giro institucional que, queramos o no, acaba tocándonos: cómo hacer para no caer en las prisas, en los mecanismos patriarcales de una política institucional que parece olvidarse de las personas. Pienso que estos actos quizá sean una puesta en práctica a algunas de esas preguntas: aprovechar la campaña, pero no para seguir el juego de caras en los autobuses y en las marquesinas, sino para llenarla de contenido. Desespectacularizar la política-espectáculo para profundizar en el bien común. Pasar del mitin, ese acto en el que escuchamos pasivamente (o tratamos de hacerlo) al ágora: ese lugar que se resignifica precisamente porque nos escuchamos.

Así que en estos actos no hay grandes discursos: las vecinas preguntan, o sugieren, o simplemente cuentan. Frente a ellas están las personas que aspiran a llevar sus voces al ayuntamiento, y que por ello toman nota, responden, escuchan. Pienso que es un cambio mínimo, pero que todo siempre empezó por cambios mínimos. Lo sabe cualquiera que haya urdido una conspiración, un plan secreto, una comunidad: lo primero es siempre escucharse unos a otras; ocupar, con voz o con cuerpo, el espacio que cada vez más se nos niega en esta Madrid cada vez más privatizada, cada vez más parque temático. Pienso también que me encanta que sea Carmena, mujer, jubilada, independiente, la que ha prendido esta chispa en un contexto como el de Ahora Madrid, con tanta gente diversa, con gente acostumbrada a hacer mítines y otra que quizá nunca pensó participar en una campaña.

Hoy es el Parque de Berlín; ayer fueron Arganzuela, Moncloa y mañana serán Vicálvaro, Barajas y así hasta los 21 distritos de la ciudad. Será así en campaña y, sobre todo, será así después de la campaña. Volveremos a empezar todas estas reuniones después de las elecciones, dice Nacho Murgui, otro candidato, en otro acto.

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Dos cosas más: 1) En el s. XIX, Gabriel Tarde, un sociólogo francés inventó la “sociología de lo infinitesimal”: para él lo importante no eran las grandes ideas de las grandes personas, las grandes estructuras sociales, sino algo imperceptible, innombrable. Tarde decía, por ejemplo, que para estudiar la Revolución francesa lo importante era saber qué campesinas o campesinos, y en qué pueblos del sur de Francia, se habían negado a saludar a sus terratenientes por primera vez. Cosas así decía. 2) Leo en una entrevista que Manuela Carmena dice que, cuando llegue al ayuntamiento, no va a inaugurar nada: “hay que hacer cosas mucho más importantes. Inaugurar nada; eso sí, evaluar, constantemente. Las cosas empezarán un día a funcionar y punto”.

Pienso en que quizá, el siglo que viene, alguien haga una genealogía del cambio en Madrid y quiera dar cuenta de estos pequeños gestos, de esas cosas imperceptibles de las que hablaba aquel sociólogo francés. Me imagino que esa persona empieza por analizar estos actos que consiguen convertir una campaña electoral en un convivio, pero que inevitablemente esto le lleva al construir común de las plazas y las asambleas, y eso al poder de la lucha por los derechos de las mujeres, y eso a la perseverancia de los movimientos vecinales y eso al coraje de la lucha antifranquista. Y así. Y me imagino que esa persona que, dentro de un siglo, quiera escribir sobre cómo ocurrió el cambio en la ciudad de Madrid, se dará cuenta de que ni siquiera hizo falta inaugurarlo: que el cambio ya había empezado mucho antes. Y que nosotras, y que nosotros, sólo tuvimos que continuarlo.

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