Presentes

Si digo presente digo el tiempo este en el que escribo, hoy 20 de julio, diez de la noche. Si digo pasado, digo por ejemplo ayer, a las diez de la mañana, cuando una buena amiga me mandó un mensaje en el que me decía “buen viaje al recuerdo”. Yo iba en un coche en dirección a Chaherrero, un pueblo de Ávila en el que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica iba a exhumar el cuerpo de Perfecto de Dios Fernández, un guerrillero gallego asesinado por la guardia civil de Franco en 1950. Contesté al mensaje de mi amiga con un “al presente, querida, viajamos al presente”.

Tendemos a pensar en el presente como coordenada temporal, pero cómo separar el ahora del aquí, cómo separar las diez de la noche de esta habitación en el barrio de Lavapiés, cómo trazar una línea entre esas dos coordenadas. Por eso ayer, cuando llegamos a Chaherrero, el tiempo y el espacio estaban completamente patas arriba. Imagínense a dos personas ancianas hablando desde su adolescencia, cuando presenciaron el entierro de Perfecto; imagínenselas describiendo la escena a Camilo, su hermano menor, que ahora tiene 84 años. Imagínense a Camilo de Dios Fernández preguntando todo lo que había querido preguntar desde que tenía 16 años. Imagínenselo obteniendo, por primera vez, algunas respuestas.

Era mi primera exhumación. Había leído libros, visto fotos, vídeos, documentales, pero ésta era la primera vez que estaba junto a una fosa abierta. Y tardé bastante en asomarme a ella; pero de esto sólo me di cuenta después, pasada quizá la primera hora. No fue nada premeditado, no decidí dejar la fosa para el final, quedarme en su periferia. Más bien al contrario: allí no había periferia, era como si la fosa lo irradiara todo, y a todos. Junto a la historia del chico y la chica adolescentes que ven enterrar el cuerpo de un desconocido y se preguntan por qué lo hacen fuera del cementerio, se oían muchas historias más, algunas ya repetidas, otras que hasta ahora no se habían contado. Parece que en el pueblo algunas personas se creyeron la versión oficial de que Perfecto era un bandolero; parece que muchos años después aparecían flores allí, sobre aquella tierra.

Había también historias paralelas: un adolescente del pueblo sigue atento el proceso y pregunta acerca de todo -es que le gusta mucho la historia, lo justifica su madre, como si hiciera falta. Un cuaderno de visitas que circula de mano en mano. Una voluntaria de la ARMH de Salamanca me cuenta que hace unos años pidieron a una empresa que hiciera una prospección para evaluar cuántos desaparecidos había en un monte, y que la empresa ahora se lleva allí a sus alumnos de prácticas, cada verano, a exhumar antifranquistas, y que se llevan los cuerpos. Así, como suena, como si una sola desaparición no fuera suficiente ofensa -Arqueoforense, por cierto, se llama la empresa.  Y había, además, historias de quienes no estaban, pero sin las que ninguna hubiéramos llegado a Chaherrero: la de un sindicato de electricistas de Noruega que visitó el Estado español y, al saber que el PP había eliminado las ya escasas ayudas que el PSOE había concedido para realizar exhumaciones, decidió donar 6000 euros a la ARMH. El internacionalismo en estado puro.

Avanzada la tarde apareció, primero, el cráneo de Perfecto. Después, aún calzadas, las piernas. Camilo las reconoció en seguida: eran las botas de piel de carnero que les hacía, iguales, el mismo zapatero. En el bolsillo de Perfecto había una bola de plomo, y ahí otra vez Camilo, sin tener la menor duda: una granada, sería una Lafitte, que es la que llevábamos por aquellos años. Preguntó por el correaje, quería saber si a su hermano lo habían enterrado armado. Preguntó si podría llevarse las botas a casa, para tenerlas.

No pude hablar con él; no porque Camilo no estuviera ahí, dispuesto a hablar con quien quisiera, sino porque todo lo que se me ocurría preguntarle -cómo se siente, Camilo, está emocionado, Camilo, sabe, yo también he venido con mi hermana, Camilo- me parecían preguntas que ya había respondido mil veces, y no quería cansarlo. Me arrepiento, ahora, de no haberle preguntado por eso, por el ahora, por qué siente sobre el presente, sobre la lucha que nos dejaron, si tiene esperanza, si le parece que les fallamos.

A veces me sorprende el lugar que tienen en algunos de nuestros discursos políticos y en nuestro día a día militante los y las resistentes antifranquistas; como si el innegable respeto por su lucha nos hiciera concebirla como algo un poco intocable, nos hiciera restringirla al cajón del pasado. Ayer fue una lección sobre la cualidad dúctil del pasado y del presente: ahí estaban, decenas de personas, sesenta y cinco años después del asesinato, desenterrando un cuerpo hasta entonces desaparecido, situándolo en los mapas y por lo tanto en la historia; reescribiéndola a base de denunciar las injusticias, los crímenes, las mentiras sobre las que fue construida esa llamada transición que ya comienza -ya comienza- a resquebrajarse por todos lados.

Como para certificar esa necesaria conexión entre tiempos, el titular de la hoja de periódico con la que envolvieron el cráneo de Perfecto decía “La ciencia clama contra la impunidad del franquismo”.

 

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3 pensamientos en “Presentes

  1. Tengo 51 años. Estoy luchando contra un cáncer de mama.

    Todo lo escrito lo vivíyo hace 4 años. Lovivi a través de los ojos y sentimientos de mi padre.
    Ver como abrian la fosay ver como poco a poco iban sacando los restos. Los sentimientos son indescriptible, los pensamientos igualmentey sin cruzar una sola palabra entre todos los que estábamosaallí.
    Sacaron a los 28, no hubo prueba de adn, pero sentimos que cada hueso que desenterrabanera de nuestra sangre, nuestramemoria y sobretodo para mi, el descanso y la par para mi padre. El apretar los dientes lo lleva haciendo 75 años y yo desde que tengo uso de razón.

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