más barrios

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Es mentira. Los lugares no tienen memoria.
Cuando escribí esto fue como una revelación. Una va a un sitio esperando encontrarse con lo que dejó hace tiempo, que ya no está, claro, pero confía en que el lugar lo retenga. Que aquella lavandería, por ejemplo, conserve algo de quien iba allí a lavar cada dos semanas. Ni idea de qué es lo que podría conservar, ni dónde. ¿El olor en las paredes, un pedacito mínimo de huella en el suelo? Porque si no es algo físico, ¿qué? ¿La presencia? ¿El recuerdo? ¿Y eso qué es?
A lo mejor lo que una busca cuando visita un sitio que significó algo -o que significaría algo, después, porque en el momento una hace como que no sabe que el futuro va a llegar y barrerlo todo- es que la imagen de ese sitio antes se superponga en la de ese sitio ahora. Como una pantalla. A lo mejor eso es un recuerdo.
Esto lo pensaba cuando escribía esa frase, la de que los lugares no tienen memoria; porque yo voy a un sitio, me preparo para que me apatalle el modo nostalgia y luego el sitio en cuestión aparece ahí, inerte, ni se inmuta. Pantalla, sí, pero en blanco.

Estoy en San Diego, donde viví casi un año, hace ya mucho, y adonde no había vuelto. Aquí casi no desperdigué recuerdos. De hecho, creo que nunca puse un pie en este barrio donde duermo hace 4 días, Ocean Beach, más pueblo playero que barrio de gran ciudad. Ayer charlábamos sobre repetir visitas a sitios queridos o aprovechar los viajes para ir a sitios que una no conoce. Hace un tiempo, yo hubiera dicho sin duda que prefería viajar a lugares desconocidos. Ahora también, pero también un poco no. Esta mañana pensaba en mis barrios y en mis ciudades, y me ha gustado darme cuenta de que tengo mis sitios a los que vuelvo, como un inventario de barrios que son míos, y que me da un poco igual explorar otros barrios de la misma ciudad, y que eso no me hace sentirme que estoy perdiéndome nada; que ahora, por ejemplo, cuando vuelva a San Diego, me voy a quedar seguro en Ocean Beach, e ir a los mismos cafés a los que estoy yendo ahora, y que es cuestión, para mí, ahora, de profundizar más que de abarcar. De ir construyendo casitas. Y no tengo la necesidad de ir a Pacific Beach, digamos, ni a Hillcrest. Pero claro, esto contradice mi frase de que los lugares no tienen memoria.

Acá el inventario:

Bilbao – Bilbao la vieja
Madrid – Lavapiés
Nueva York – Fort Greene
París – Le 10ème, cerca del canal
Buenos Aires – Aquí es menos claro, pero Balvanera, o Almagro, o Boedo.
San Diego – Ocean Beach
Lisboa – Alfama

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