Gure errepublikak

Es 14 de abril, otra vez. Ayer un grupo de gente marchaba hasta Eibar para ser los primeros en izar la bandera tricolor. Los vecinos de Eibar ya están acostumbrados, unos los miran desde lejos, ahí vienen otra vez los de la bandera; algunos niños dejan sus maquinitas a un lado y los persiguen, corriendo, y esa imagen ya la han tenido antes y ellos no lo saben pero por primera vez están fabricando un recuerdo. Esta mañana, otras ciudades se han levantado así; en Cartagena, los buzones se fueron a dormir republicanos; en Madrid, por ejemplo, dos veinteañeros desayunan en Sol, aún no han llegado a casa, y ven llegar un gentío de colores que no comprenden, los colores de Rumanía son, ¿no?, dicen, o joder tío qué es eso, qué banderas son esas. Hace trece años, un día como hoy, la 2 proyectaba un programa especial sobre el anarquismo en la guerra civil, esos otros olvidados, los vencidos de los vencidos. Hoy el periódico más importante del país no dice ni una sola palabra sobre el aniversario, 82 años desde la proclamación de la segunda república; es hermoso pensar que aún quedan acontecimientos tan poderosos que consiguen asustar al capital, que no los convierte en mercancía. Juan Carlos Monedero escribe un artículo espléndido, carta abierta al príncipe Felipe. El loco, decía Lacán -empieza Monedero- no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Monedero escribe urgente, pero lo dice todo. Aquí tiene, señor, lo que pienso de la monarquía, se lo lee y después me dice. Pero también, señor, mire bien, aquí está lo que es la república, ustedes lo llaman capricho, nimiedad, con los tiempos que corren -y los tiempos que corren mira que han cambiado pero yo llevo la mitad de mi vida escuchando eso. Y además sabe qué, señor, sí, la república es una forma de gobierno, pero quizá, por encima de todo, es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador, sigue Monedero. Ahora, en esta época desprovista de símbolos, de ir rápido y siempre sabiendo adónde, la república es eso que nos comunica con el pasado y que, a la vez, o quizá precisamente por eso, nos libera.

Al otro lado del Atlántico, una mujer se levanta en una cama que había olvidado que era suya y por primera vez se mira la piel bajo la luz de la mañana, y piensa que está aún dormida porque se descubre cierto tono verde, y ella no lo sabe aún pero es así, su piel es verde, esa extraña cualidad dérmica de las que en cualquier sitio florecen. Se levanta un catorce de abril y al calendario le sobran al inicio las mismas tres hojas que le faltan al final; las arranca despacio y decreta que se queda con aquello que la hace libre, y que hoy empieza todo.

Vivan las repúblicas.

imagen9_550Fotograma de la película La paella de Dan Albert, dirigida por James Fernández y Luis Argeo -y con voz en off de una servidora. La foto es de un picnic en apoyo a las viudas y huérfanos de la guerra civil, organizado por Acción Demócrata Española en Monterey, California, el 27 de mayo de 1937.

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