Siempre me quejaba de que no tenía mote. Yo me puse “Kizkur” una vez, en una  especie de autobautizo, pero no cuajó, no conseguí que nadie me llamara así. Kizkur en euskera es rizo. Si lo pienso desde ahora -cómo pensarlo de otra manera- no puedo imaginarme que de pequeña hubiera querido que me identificaran con mi pelo. Porque el caso es que a veces sí me llamaban cosas que tenían que ver con eso: desde escarola hasta alcachofa, cuando me lo corté a lo chico; las verduras eran una fuente inagotable de maldad.
Me costó mucho aceptarlo, el pelo. Hasta los 8 lo tuve liso. Después se empezó a rizar y, como hasta entonces siempre me lo había peinado, aita me seguía diciendo que lo hiciera. Creo que fue Blanca quien se dio cuenta y lo anunció: que el pelo rizado no se peina. No sé de dónde lo aprendería ella, porque hay muchas fotos de su época de instituto en que sigue llevando el pelo abultado, como eléctrico, eso que le pasa al pelo rizado cuando se cepilla.
Siempre lo llevaba atado, hasta que me fui a Francia. Es decir, hasta los 22. Es decir, que pasé toda mi adolescencia y parte de mi entrada en lo que sea que viene después con gomas y orquillas. No me acuerdo de cómo ni por qué me lo empecé a soltar en París, y además la metáfora es tan evidente que da rubor escribirla. Una de las primeras veces que volví a Bilbao, quedé con Joseba en el Arriaga, recién llegada a la estación de autobús. No pudo contenerse y, antes de saludarme, soltó un “Jo qué pelo”. Yo ni me había dado cuenta de que era diferente.

En Union Square siempre hay unos tipos que te paran y te piden por favor que les contestes “a una pregunta sobre tu pelo”. He hecho varias investigaciones sobre el tema, y la verdad es que su método parece infalible: la primera vez, una siempre cae. Claro que no te preguntan nada sobre tu pelo, te preguntan si quieres ir a una peluquería y pagar no sé cuánto porque -ahí sí- te hagan no sé qué en el pelo. Hoy también me han parado para preguntarme algo sobre el pelo. Solo que no en Union Square y no para venderme nada: era un director que hace un documental sobre pelos rizados. En serio. Y sobre cómo el pelo rizado influye en tu vida. A santo de eso viene este post. Tengo su tarjeta delante: The Curly Project, se llama la cosa.

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