Nunca escuchaba a mi padre cuando me hablaba de árboles. Esto de enfrente es un álamo o eso son para mí todos los troncos blancos. Aquí la ciudad ya ha empezado a florecer pero a este árbol, desde esta distancia, no se le ve ningún brote. Si le hubiera escuchado, sabría si es normal, si aún es temprano para que recupere las hojas. No lo sabría, digamos, científicamente, él me hablaba de otro continente, allí los tiempos son diferentes; lo sabría de una manera falible, no comprobable, propia, que es la manera de saber que me hace falta ahora, y que no tengo.
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