Viernes por la tarde en el barrio jasídico de Williamsburg, en Brooklyn. Un dealer cubano llega a casa de dos músicos puertorriqueños. Abre la mochila y, a pesar de lo hermético de las cajitas y del cuidado extremo con que están selladas las bolsas de plástico, el olor a marihuana lo llena todo. Ésta me la acaban de traer, se la dejo a 400 la libra, es de la mejor. Aprovechen porque el tipo que me la consigue se va de vacaciones y no sé cuándo vuelve. De pronto, en la calle, suena estridente la sirena que anuncia el inicio de Shabat. ¡Coño, nos cogieron!, grita el cubano.
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4 pensamientos en “

  1. Hola Isabel!soy Alberto, el "okupa" o "extra" de las clases de Muñoz Molina. Te escribí hace tiempo, pero no sé si te llegó el email. Te dejo aquí el mío por si te apetece ir a tomar algo un día, la cosa está movidita ahora que llegó la caló:adv5@nyu.eduVas a tener que retitular el post como el de los reencuentros.PD. No te preocupes por lo de tu dealer que te puedo pasar un par de teléfonos interesantes 🙂

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