Reto público

Acabo de descubrir, Melcion mediante, a Urayoán Noel, poeta borinqueño que vive en Nueva York.
Sobre todo, me ha gustado este “Sonosucesiones”. Y creo, colegas blogueros, que a vosotros os va a gustar también, porque además es bien de la estética de algunos de nosotros, ¿no? Así que aquí va el reto, esposo, Paaly, Mat, terrible Iván, Crapúscula, Mademoiselle M. Para mañana, un texto -similiar, antagónico, inspirado, qué sé yo- subido a los blogues respectivos. Aquí tiro el guante.
Sonosucesiones
(de cortos, promos, popcorn y demás calzoncillos corporativos)
pour l’homme bruno


Un joven llega a Nueva York, se pasea por vacías plataformas, pelo graso, lacio sin lavar.

Una muchacha llega a Madrid, pelo meticulosamente acondicionado, diadema de plata, senos tiesos, enormes faldas florales, camisillas, botas negras ponkomilitares y el libro de Debord desbordándose del antebrazo, frotándose con las flacas axilas cubiertas ahora que enfrió de momento por el suéter de tweed que extrajo del bulto retro de paja que compró en el Salvation Army de su pueblo natal en Wisconsin.

Un hombre llega a París. Está decepcionado. Han vaciado el club donde el mesero senegalés balanceaba canecas, botellones, latas, shots en su afeiatda cabeza marrón mientras Florien, Benoît, Gaston y Guy bailaban el soul makossa hasta la madrugada. Cuando la vio por vez primera era ciudad de columnatas y acantilados, pilas, náusea. Y así la amó. ¿Y ahora? Majestuosa, sonriente, divertida. No le quedó otra; dijo adiós.

Un viejo llega a Estambul. Es un diplomático asiático. Ha descubierto el tedio de saberse insípido. Sabe que la esposa está con otro. Se quita los anteojos y los bóxers. Hiperventila. Guarda el inhalador. Se pregunta: Y ahora, ¿qué hago con las noches? ¿Morder viejitas en cuero y perlas? Llora. Se masturba. Llama a la recepción. Hace ruidos extraños. Engancha. Mañana habrá otro congreso. Sueña que camina desnudo por un vecindario musulmán conservador. Lo miran mal. Le dicen algo de que si “¡brinque en el trampolín, el doctor Lu, que acaba de llegar de París, perro que es!”. La mañana siguiente en el congreso, el doctor Lu, que acaba de llegar de París, le pregunta que qué hizo anoche. El viejo contesta que nada, siente lo viscoso, tumescente en los bóxers. Ya no es un diplomático asiático.

Este autor llega a San Juan de Puerto Rico. Admite que sí usa bóxers de vez en cuando pero que no es aficionado de la autobiografía. El trauma tropical es su único tropo, y abusa de él cuando llueve. Vive corriendo y quiere que corras con él, por el miedo aunque no por las playas, por las uñas comidas, la gastritis, y el beso nervioso. El futuro se abre ante mí como un extraño antropoide; resbalándose en la cáscara de nuevo. Quedaste advertido. Ésta es la historia de un doloroso comenzar.

de Boringkén, 2008
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