1.

Un día entendí que no podía comer en casa. Que Nueva York se me estaba escapando de las manos entre sartenes y aliños.

2.

Se es solo, en esta ciudad. El tiempo nos absorbe hasta a nosotros, los ociosos, que hace mucho nos despedimos de alarmas y horarios. Pero a la hora de comer, que son todas, y a la hora del té, que son las demás, las mesas de los cafés, chiquitas, individuales, se llenan de pantallas. Muchos no me creerán, pero yo a veces me he acercado y he visto que, detrás de esas manzanitas volcadas y encendidas, hay personas.

3.

Por qué un bar. Ducharse, vestirse, cargar el ordenador, los libros, salir al frío, al calor, a la lluvia. Y todo con el riesgo de que se te haya olvidado ese libro indispensable, o el bolígrafo granate, el único con el que puedes subrayar nombres propios. Qué misteriosa urgencia de compartir soledad.

[Kafeek danba]
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