(va una del blog anterior)


Racine sobre el tejado de zinc caliente

Publicado el Domingo, 27 de Noviembre de 2005 10:20 p.m.

Je l’aime, je le fuis : Titus m’aime, il me quitte.

Portez loin de mes yeux vos soupirs et vos fers.

Adieu : servons tous trois d’exemple à l’univers

De l’amour la plus tendre et la plus malheureuse

Dont il puisse garder l’histoire douloureuse.

Tout est prêt. On m’attend. Ne suivez point mes pas.

(à TITUS)

Pour la dernière fois, adieu, Seigneur.


No sabía si llevar algo para comer o algo para desayunar. Eran las doce de la mañana de uno de esos días en los que el sol parisino lo tiñe todo de nuevo; nunca antes había ido a casa de Clém. Me presenté en su apartamento con seis croissants y un hambre atroz que desapareció en cuanto abrimos Bérénice. Me iba a descubrir a Racine. Decía que era absolutamenete necesario, que sin Racine no se entendía el teatro. El sol se iba colando por la ventana entre corrección y corrección (mi francés no es el más apropiado para recitar alejandrinos). Clém me dijo que sería mejor salir a la terraza para aprovechar la luz y yo miraba todas los rincones de su apartamentito intentando encontrar una puerta que condujera a un balcón. Me llevó al descansillo con una sonrisa indescifrable y yo seguía sin entender nada.

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