Reflexiones aeroportuarias

Que digo yo que, si para entrar en tu país tienes que descalzarte, dejar que te vean desnuda a través de una cámara dos tipos a quienes no conoces de nada, permitir que te sobe una mujer que parece que está auscultando un saco de patatas, ver cómo dan golpes a tu cámara de fotos y a tu ordenador, responder a preguntas absurdas acerca de los sellos de tu pasaporte a policías que nunca han visto un mapa de África, explicar cuánto dinero tienes en el banco, y además todo ello sin rechistar y repetidas veces y habiendo jurado no querer matar a tu presidente, tal vez deberías empezar a pensar que, en tu país, adalid de la libertad y de la democracia, algo no se está haciendo del todo bien.
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