No preocupárseme, por dios. Sólo me puse a escuchar música brasileña, y es lo que pasa.
Lindo Thanksgiving. Hace días que vengo pensando en unos versos de Benedetti y hoy ha sido la confirmación: la gente, la pura gente, la cojonuda gente a la orientala.
Antes me desasosegaba sentirme como a cinco centímetros de las cosas. Ahora ese estar del otro lado de lo que me rodea me produce lo contrario, un saberme en el sitio justo, mirar desde fuera sabiendo que soy parte al mismo tiempo y sorprenderme de pertenecer. No a Nueva York ni a ningún lugar en particular, sino pertenecer así, siendo parte del mundo, una especie de volar bajito.


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