Así es mi hermana

Mi hermana, Blanca, me manda esto.
Así es ella, exactamente así.

– ¡No me gusta que me tratéis así, porque yo sufro mucho, no me creéis pero estoy mal…!

– Señora…

– Os pensáis que me quejo de vicio, pero vosotras no os hacéis una idea del dolor que tengo…

– Señora…

– Vaya unas hijas que tratan así a una madre…

– Señora, escúcheme, se ha confundido, pero no me cuelgue, quiero hablar con usted. Me llamo Blanca. Está mal, ¿verdad?

Hay un silencio breve

– Sí que estoy mal.

– Yo nunca he tenido ciántica, pero dicen que es muy dolorosa, ¿cuánto tiempo lleva mal?

– Quince días, y esto no mejora

– Y sus hijas le echan la bronca…

– Sí, ellas me llaman todos los días y me dicen que siempre estoy en la cama, que siga así que ya veré yo…

– Ya… Ellas no entienden lo que le pasa

– No, ellas no saben cuánto dolor tengo

– Y, ¿vive sola usted, señora?

– Vivo con mi marido

– ¿Y su marido entiende que tiene mucho dolor?

– Sí, él sí me entiende

– Mire, señora, yo no tengo hijos, pero soy hija y le oigo hablar y pienso en cómo trato yo a veces a mi padre. Yo no tengo madre. Los hijos a veces somos muy egoistas con los padres, pero no nos damos cuenta

– Sí, los hijos son egoístas

– A mí mi padre a veces me dice que no me doy cuenta, pero que lo que un hijo le dice a un padre le duele muchísimo más que otra cosa…

Se oye una voz por detrás de la señora que le pregunta con quién habla. Temo que corte la comunicación…

– ¿Y cuándo tiene que volver al médico? ¿O le va a casa?

– No, me llevaron al hospital y después han venido dos doctoras a casa. Una me decía que hiciera reposo y la otra que vino después que me pintara, me arreglara y saliera a la calle. Mira, yo no le deseo el mal a nadie, pero sólo me gustaría que tuviese dos días el dolor que yo tengo ahora…

– Ya, porque usted tiene mucho dolor, y qué mas querría que estar bien para poder salir…

– Con lo que yo he sido… 10 nietos he criado, he enseñado a bailar la jota a grupos de 60 niños, yo les enseñaba…

– Ya, y ahora le duele que sus hijas le chillen…

– Con todo lo que yo he hecho por ellas…

– Usted tiene que explicarles que está mal, y ellas la entienden, aunque le chillen, ellas la quieren y la entienden, sólo que a veces los hijos somos un poco bruscos diciendo las cosas…

– Ya sé que me quieren…

– Y recupérese, esté tranquila y descanse, que se podrá bien…

– Bueno, tengo que colgar. Adiós.

– Adiós señora.

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