– En Nueva York, una sabe cuándo sale de casa; nunca sabe cuándo -ni con quién- va a volver. En esta ciudad o se muere de no tener a nadie, o se muere de estar rodeado de gente. Es decir, se muere siempre de soledad.

– Una nunca sabe con quién está hablando hasta que pregunta. Y a veces tampoco entonces. En el tiempo que llevo aquí, he conocido a personas con historias impresionantes de idas y vueltas, de pies en varios sitios, de llegué y me quedé un poquito más y un poquito más y hoy hace doce años. Y, algo que no me ha pasado en general en el resto de sitios en que he estado, muchas de estas historias vienen de españoles.

– Una nunca sabe quién habla español. Pero en la mayoría de los casos, estimo que un 99% de la población. En el esto de los casos, un 100%.

– Esto es el mundo. Ayer subieron al metro una chica negra y una chica con burka. Se sentaron a mi lado; conversamos durante todo el viaje sobre mascarillas faciales caseras. Después entró Judith, una israelí que nos vendió el microondas porque se vuelve a su país, y nos pusimos a hablar del regreso y esas cosas, mientras seguía la conversación de cosméticos. Parece un chiste de “van un vasco, un gallego y un catalán”, pero es neoyorquinamente cierto.

– Llueve, hace frío, hace viento. Y a veces hace sol y nos olvidamos de todo lo demás.

– Nos estamos haciendo amigas, ella y yo. Aunque esté de más decirlo.

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4 pensamientos en “

  1. ¿Te conté? Siempre sentí a Tokyo como la ciudad más triste del mundo. En gran parte por esa soledad estructural sin la cual no podría funcionar: Tokyo necesita de la soledad como necesita de sus veintipico lìneas de subte.

  2. No sé, sin haber estado en Tokyo, me da que esta soledad es diferente. Que la gente está muy acompañada y tiene mil actividades en todo momento, pero llega a casa y está sola, pero ni siquiera tiene tiempo de darse cuenta de que lo está, porque de pronto empiezan a jugar los Nicks y ya está otra vez rodeado de gente. ¿Será lo mismo?

  3. En diferente idioma, pero sí, creo que es lo mismo. Me vino el recuerdo de la sensaciòn Tokyo y la verdá, prefiero ser sudaca y hacer latinadas.

  4. Y… supongo que esa es la gran resistencia aquí, poder hacer latinadas y caminar un poquito más despacio que el resto y lograr seguir así durante todo el camino, aunque te puteen.

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