"The best place to see a movie in New York City isn’t in New York City. It’s in Jersey City."

En la década de los veinte, en Estados Unidos, en pleno auge del cine, los estudios de Hollywood empezaron a construir teatros en muchas ciudades. Eran teatros diferentes a los que se habían visto hasta entonces, con capacidad para miles de espectadores, de arquitectura espectacular y con los últimos avances tecnólogicos. Los grandes estudios, que de márketing sabían, querían que el cine se convirtiera en una experiencia integral y que, además de la película, los espectadores fueran también a disfrutar del lugar donde se proyectaba. Los llamaron “Movie Palaces”.
En Nueva Jersey, el teatro más espectacular de este tipo fue el Loew’s, que se inauguró en 1929 y no sólo tenía un aforo de más de tres mil personas, sino que además contaba con el mejor sistema de iluminación de la época y dos elevadores: uno para la orquesta y otro para el órgano de tubos Wonder Morton, que era lo más de lo más y que un señor se inventó para abaratar costos, porque una sola persona podía cumplir la misma función que toda una orquesta.
Después de la Segunda Guerra Mundial, empezaron a abrirse cines más sencillos y estos “palacios” dejaron de utilizarse; la mayoría de ellos fueron abandonados y empezaron a decaer e, incluso, a ser derribados. El Loew’s siguió abierto más tiempo que la mayor parte de los otros palacios, y hasta fue renovado en los setenta; pero en 1986, la empresa que había comprado el teatro anunció su inminente demolición. El alcalde de Jersey City declaró que la municipalidad no podía permitirse gastar la cantidad de dinero necesaria para comprar el teatro y salvarlo. Entonces empezó la gesta de “Friends of the Loew’s”, una organización vecinal que luchó durante seis años contra la demolición del teatro y que, en 1993, consiguió que el ayuntamiento comprara el Loew’s. Los votos a favor de la compra del teatro sólo superaron en uno a los de los concejales que estaban en contra.

Ahora, el Loew’s abre sus puertas entre una y tres veces al mes y está gestionado íntegramente por voluntarios. Su órgano de tubos sigue funcionando a la perfección, y es uno de los cinco que quedan en el mundo. Y hoy era uno de esos días. Han proyectado Safety Last, de 1923, con Harold Lloyd y con órgano en directo. Éramos unas quinientas personas viendo cine mudo y riéndonos a carcajadas y fascinados con ese organista que estaba perfectamente sincronizado con la película. Y la emoción de estar en ese teatro, que parecía la Ópera Garnier, pero en grande. No kidding.
Casi se me olvida decir que el Loew’s está en Journal Square, cruce de caminos entre Nueva York y Newark, zona profundamente multicultural y de clase obrera y que resulta que, además, es mi barrio 😉

(El título del post y la foto de arriba -que no es mía porque
he tenido la genial
idea de no llevarme la cámara- vienen de este artículo)
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