2

Era uno más, Matías. De entre nosotros sólo sobresalían Andrea y tal vez Miguel, poeta maldito y talentoso y que siempre estaba sentado en la misma silla, sonriendo con esa mezcla de honestidad y pérdida. Éramos un grupo homogéneo y creo que todos nos preguntábamos inconscientemente cuánto tiempo iba a durar la calma chicha. Matías había llegado una mañana con una maleta chiquita y un sombrero de paja y se presentó diciendo que lo mandaba un amigo paraguayo que había vivido en la casa. Se podía haber inventado otra historia, el tipo, al menos otra nacionalidad, con lo grande que es Latinoamérica y se manda un paraguayo, algo que iba contra todo tipo de probabilidad. No dejarlo entrar hubiera ido contra las reglas, así que esa noche el Mati ya tenía colchón y la mañana siguiente incluso despertó junto a Marisa, que se había encargado personalmente de hacerlo sentir como en casa.

3

De todas maneras, ¿qué hacía el Mati allá arriba? ¿en cuál de los doce cuartos estaba? Y, lo más extraño de todo, ¿por qué nadie se había dado cuenta de que hacía más de un mes que no bajaba a comer con el resto? No hizo falta siquiera pronunciar estas preguntas, sólo mirándonos a los ojos ya sabíamos que cada uno de nosotros estaba planteándose exactamente lo mismo. No sé cuánto tiempo hubiéramos seguido viviendo en aquella especie de sopor si Maca no hubiera empezado a gritar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s