Mientras estuve en San Diego, llovió apenas dos veces. En París llovía casi todos los días, así que tampoco pude darme cuenta. En Buenos Aires empecé a entender que cuando una es vasca en el extranjero no necesita gastarse dinero en determinada comida ni escuchar canciones patrias ni estar con otros vascos para sentirse en casa. En nuestro caso, para aplacar la nostalgia, basta la lluvia.

6th Avenue

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Un pensamiento en “

  1. es cierto.basta la lluvia.pero es tan diferente..conviví con ella toda mi vida y creía conocerla muy bienpero aquí he descubierto el estruendo del cielo al romperse en dos, como si estuviera de parto; he sentido mucho miedo por las casas de lámina, en equilibrio junto al barranco;he comprendido que, bajo ciertas lluvias, ni siquiera merece la pena utilizar paraguas; he experimentado que, a veces, cuando "viene el agua" todo se detiene y es mejor, simplemente, esperar a que pase..en definitiva, la naturaleza ha puesto a mi estúpido orgullo civilizado, en el lugar que le corresponde; ahora se ve ridículo.. y con los pies mojados.

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