une vraie histoire d’amour

Se habían conocido en un aeropuerto.
Ella no tenía plata para un taxi. Él la invitó.
Charlaron y ya ella sabía que él la miraba diferente.
Le dijo dónde trabajaba. Se lo dijo.
Esta mañana, le anuncian la visita de B.M. desde recepción.
Baja y se excusa, sólo tiene cinco minutos.
Después, lo de siempre: lágrima con muy muy poco café, charla apresurada, qué tarde es, me van a matar en la oficina, ha sido un placer volver a verte, escribime, beso-beso, chau.
De vuelta en la oficina, las compañeras interrogan.
Es un niño bien de Recoleta, más aburrido que chupar un clavo, nada que hacer, ella.
Hay que disfrutar, dejate invitar, viví la vida, ellas.
Y entonces se produce la búsqueda googleana de rigor.
Su nombre aparece en cuatro foros de magos aficionados y en unos diez de amantes de las armas.
Cada una vuelve a su mesa de trabajo, en silencio.

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