Historia para sis

En Carpinacci hay que tomar número para que te atiendan. Tienen una carne mechada riquísima. Hoy yo tenía el número 14 y, al ir a pedir, un cura ha intentado colarse. Era un cura de Recoleta, con su sotana y su cara de soberbia eclesiástica, no un párroco militante de Villa 31. Le he dicho disculpe, señor, pero hay gente esperando – entre ellos, dos señores de unos ochenta años – y me ha dicho, muy educadamente, que lo que estaba haciendo era pedirme permiso para pasar antes que yo. Raro eso de pedir permiso dándole la espalda a una y diciendo “quiero una tarta de espinacas”. Muy educadamente también, le he respondido que no le daba permiso, porque yo también tenía prisa, y que además había más gente esperando. Las chicas que estaban trabajando detrás de la barra me han mirado con una sonrisa y una de ellas me ha dicho, casi al oído, qué vergüenza, debería dar ejemplo y no lo contrario. Me he querido callar, pero ha sido imposible. Cuando iba a salir, le he preguntado disculpe, señor, pero no entiendo por qué usted tiene que pasar antes que los demás. Ni me ha mirado. Disculpe, señor, pero me gustaría que me respondiera. Y le he tocado el hombro con el dedo índice. Se ha dado la vuelta y me ha mirado como sin comprender, pero comprendiéndolo todo. Shhh, me ha dicho con el dedo en los labios, como mandándome callar, cada cosa a su tiempo. Eso es, señor, le he respondido, cada cosa a su tiempo, pero espere que su tiempo llega con un numerito que le voy a traer. He ido hasta la entrada y he sacado un número. Era el 18. En ese preciso momento, una de las chicas ha dicho dieciocho. Joé. Se lo he puesto en las manos y me ha dado hasta las gracias. Ya casi en la calle, he oído que una de las chicas le decía “no señor, hay alguien que tiene el 17 y lo voy a atender antes.” Iba pensando en contárselo a Sis cuando, en Paraná y Marcelo T, me he tropezado. Por mala, he pensado, castigo de dios. Pero inmediatamente después me he dicho que de mala nada y he seguido con el paso más firme aún, a comerme el crumble de manzana que me había comprado como premio.
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