En París, cuando quedábamos en una parada de metro, la consigna era clara: para encontrarnos, había que elegir, entre todas las salidas, la primera por orden alfabético. Quedaban excluidas preposiciones, artículos, rues places, avenues y demás accidentes geográficos. A veces funcionaba.

Venía pensando en eso cuando, en Callao y Córdoba, me he fijado en una mujer que llevaba un Routard y parecía perdida. He seguido caminando, pero después, por qué no, le he pregunatdo vous êtes perdue y me ha mirado con una sonrisa dulce que la delataba quebequesa/belga/suiza francesa-no. Le he explicado dónde quedaba Corrientes y, ya en el subte, me he dado cuenta de que, por unos segundos, para esa mujer, yo era Buenos Aires.

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