Y si le gustaban los tipos raros qué. Su madre, tan normal, se había casado con un hombre tan normal que ahora estaba ingresada en las urgencias de La paz con un traumatismo bastante normal para lo que había sido su vida de sometimiento. En fin, lo normal, eso que ella quería evitar a toda costa. Al fin y al cabo, sabía que siempre podría volver a Calviria y casarse con Ernesto, su novio de toda la vida, tan recto, tan amigo de la familia, tan normal. Pero ahora lo que necesitaba era el frenetismo de Boris, las noches interminables con Mariana. Ser la mujer inescrutable en la que estaba segura de que la vida iba a convertirla. Entonces por qué no hacer caso al destino y convertirse ya en esa que la esperaba a sólo unos años de distancia. Hacía tiempo que se había descubierto una arruga en la comisura de los labios y entonces decidió tatuarse una serpiente en su lugar. Después fue la comisura izquierda y otra serpiente y cuando sonreía parecía que los dos animales se avalanzaban sobre quien hubiera provocado su risa. Estaba dispuesta a llenarse la cara de culebras antes de cumplir los cuarenta, siempre que los pliegues fueran apareciendo en su rostro con la debida gradualidad. Las víboras, decía, prefería tenerlas en la cara, bajo control, que frente a los ojos y no poder verlas.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s