A veces una lee cosas así y se da cuenta de que algunos escritores tienen la capacidad de contar el mundo con una sencillez casi inconcebible.
Llevo tiempo queriendo escribir sobre la gripe porcina y el biopoder, sobre c
ómo el poder se las ingenia para controlarnos, en tanto masa, con mil técnicas diferentes; entre ellas, inventándose pandemias. Es poder quien puede; quien decide sobre nuestra vida mediante el miedo, la coerción, la manipulación de nuestra percepción del cuerpo. Y no hay duda de que, quien tiene la capacidad y el interés de hacerlo, lo hará.
Me he encontrado con este pasaje de
Los siete locos.

“- Venía a verlo para que arregláramos esa cuestión del cheque. Usted sabrá que por eso lo secuestramos. Claro está que yo no le hablaría a usted de esta forma si en la libreta que le encontramos en el bolsillo y que Erdosain quiso quemar, impidiéndolo yo, no hubiera leído un pensamiento sencillamente formidable: «El dinero convierte al hombre en un dios. Luego Ford, es un dios. Si es un dios puede destruir la luna».
[…]
El Astrólogo continuó:
– Al principio, ese pensamiento me pareció una de las tantas estupideces que abundan en sus divagaciones… Sin embargo, terminé por preguntarme involuntariamente por qué el dinero puede convertir en dios a un hombre, y de pronto me di cuenta que usted había descubierto una verdad esencial. ¿Y sabe cómo comprobé que usted tenía razón? Pues pensando que Henry Ford con su fortuna podía comprar la suficiente cantidad de explosivo como para hacer saltar en pedazos un planeta como la luna. Su postulado se justificaba.
– Ciertamente – rezongó Barsut, halagado en su fuero interno.
– Entonces me di cuenta que toda la antigüedad clásica, que los escritores de todos los tiempos, salvo usted que había escrito esta verdad sin saber explotarla, no habían concebido jamás que hombres como Ford, Rockefeller o Morgan fueran capaces de destruir la luna… tuvieran ese poder… poder que, como le digo, las mitologías sólo pudieron atribuir a un dios creador. Y usted, implícitamente, sentaba de hecho un principio: el comienzo del reinado del superhombre.
Barsut volvió la cabeza para examinar el Astrólogo. Erdosain comprendió que éste hablaba seriamente.
-Ahora bien, cuando llegué a la conclusión de que Morgan, Rockefeller y Ford eran por el poder que les confería el dinero algo así como dioses, me di cuenta que la revolución social sería imposible sobre la tierra porque un Rockefeller o un Morgan podían destruir con un solo gesto una raza, como usted en su jardín un nido de hormigas.
-Siempre que tuvieran el coraje de hacerlo.
-¿El coraje? Yo me pregunté si era posible que un dios renunciara a sus poderes… Me pregunté si un rey del cobre o del petróleo llegaría a dejarse despojar de sus flotas, de sus montañas, de su oro y de sus pozos, y me di cuenta que para privarse de ese fabuloso mundo había que tener la espiritualidad de un Buda o de un Cristo… y que ellos, los dioses que disponían de todas las fuerzas, no permitirían jamás su exacción.”
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