Lo que voy a echar de menos cuando me vaya

Una mujer espera en la vereda para cruzar Santa Fe.
A lo lejos camina hacia ella un ejecutivo joven, seguro de sí mismo; fuma un habano.
Ella lo ha visto; probablemente se pregunta qué clase de hombre de menos de cincuenta fuma puros fuera de los casamientos.
Un minuto después, él se acerca a ella.
– Disculpa. Podés decirme cómo hago para. Se queda pensando algo ingenioso.
Ella, sin duda, había comprendido antes de que él pronunciara la primera palabra.
– ¿Podés decirme cómo hago para resistirme a pensar en la miel de tus labios?
– Tendrás que intentarlo, le dice ella, sin que se le mueva un pelo de su porteñidad.
Él sonríe sin una brizna de desilusión
– Sólo te quería decir un piropo.
Ahí ya sonríen los dos.
– Gracias, ella.
– Me alegraste el día, él.
Y por la avenida siguen circulando los autos; como si nada hubiera pasado.

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