Oxigenando

Dice Oliverio Girondo, en la carta escrita a “La púa” que sirve como prólogo a sus Doce poemas para ser leídos en el tranvía:

“Porque es necesario declararle como tú le has declarado la guerra a la levita, que en nuestro país lleva a todas partes; a la levita con que se escribe en España, cuando no se escribe de golilla, de sotana o en mangas de camisa. Porque es imprescindible tener fe, como tú tienes fe, en nuestra fonética, desde que fuimos nosotros, los americanos, quienes hemos oxigenado el castellano, haciéndolo un idioma respirable, un idioma que puede usarse cotidianamente y escribirse de «americana», con la «americana» nuestra de todos los días…” Y yo me ruborizo un poco al pensar que acaso tenga fe en nuestra fonética y que nuestra fonética acaso sea tan mal educada como para tener siempre razón… y me quedo pensado en nuestra patria que tiene la imparcialidad de un cuarto de hotel, y me ruborizo un poco al constatar lo difícil que es apegarse a los cuartos de hotel.


Una vez, conversando en un pueblecito de Jujuy con G., que sabe tanto de poesía como para haber creado VOX, me indigné un poco cuando me dijo que la poesía española pecaba de eso que Girondo llama levita. Que era como acartonada, que usaba palabras excelsas y altisonantes, que no hablaba como la gente. Mi respuesta fue que había muchos poetas jóvenes que no escribían a lo Góngora. Y de verdad lo creía. Pero ahora me estoy dando cuenta de que tenía un poquito de razón. Hay algo de ciertos autores argentinos que yo no he encontrado nunca en la literatura española. Algo de ternura y de proximidad en el lenguaje, algo de todos los días y que sin embargo es profundamente hermoso. Una manera cotidiana y a la vez puramente literaria de manipular el lenguaje. Y eso, en el vocabulario, pero sobre todo en la sintaxis. Y cuanto más leo a Arlt, más convencida estoy.
Ahora bien, puede que realmente no sea así y que a) no haya leído suficiente literatura española – que además es cierto – y/o que b) mi condición de extranjera haga que sea más tolerante con la literatura argentina que con la española. Puede ser; pero lo cierto es que cuando leo autores españoles que intentan plasmar el castellano que se habla en la calle, me parece tan falso y tan forzado que paro de leer.
En fin, que estoy más que dispuesta a que alguien me abra los ojos.
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