(todo pasa en el subte)

Voy de Juramento a Catedral. Estoy leyendo, no miro mucho alrededor. Una señora muy mayor se sienta a mi lado. Mira a su marido, que se ha quedado de pie. Le ofrezco el sitio y me dice que no. Me levanto para insistirle, le sonrío, me sonríe. Me vuelve a decir que no y añade: por favor, dame unos minutos de libertad, después de cincuenta años juntos. Me río y me vuelvo a sentar. Su mujer, divertida, lo mira como a un niño pequeño. Y, de regalo, me pregunta qué estoy leyendo. Se levantan en 9 de julio. Él la agarra por detrás y me busca con los ojos – ¿cómo si no?. Me dice gracias y gesticula con ternura unas palabras que al principio no entiendo y que después se transforman en un la amo, la amoooo. Les calculo quince años de edad.

(Bonus track: otra de metro de mi antiguo blog)

Las entrañas de París

Publicado el Miércoles, 11 de Enero de 2006 11:14 p.m. <!– –>

Todo pasa en el metro.

Un borracho se tambalea y saluda y constata estoy borracho y qué pasa señora, usted tiene cara de patata. Se pone justo detrás de mí y me hace señas. Sólo sonrío. Miro a un chico sentado que también sonríe y el borracho, que ha seguido mis ojos, me olvida en un abrir y cerrar de ídem. Habla con el sonreidor, luego con una chica rubia que lleva una bolsa grandísima – caigo en la cuenta de que hoy empiezan las rebajas, de pronto me explico por qué el peligro de asfixia y el keepoutofchildren tatuado en cada mano de los vagones precedentes – y dice que deberían conocerse, que son una pareja lindísima. Él señala su dedo anular, ella se desonroja y seguro que piensa menos mal mientras dice yo también tengo novio. Unos señores arrugados se levantan diciendo que ya no se respeta nada – frase que el que inventó se arrepiente de no haber patentado – y mi cabeza está en cómo meterlos a todos en poquitas palabras cuando se oye el viento encarcelado del tren que ya llega y ya era hora, de verdad, la RATP cada vez está peor, de verdad que no se respetan ni los horarios, mademoiselle.

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3 pensamientos en “(todo pasa en el subte)

  1. Una vez caminaba por la cuadra de mi casa y no podía dejar de pensar que estaba pisando cientos de vidas que pasaban bajo mis pies.

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