Esto lo escribí una vez…

…para postular a un taller de escritura. El texto sigue, pero no viene a cuento.

Tengo 26 años, una licenciatura en filología hispánica, un máster en teatro y la secreta intuición de que es el momento de quemar las naves. Llevo años construyendo mi realidad alrededor de la literatura. Y no es metáfora. Digo alrededor como periferia, como silueta. Me he especializado en los contornos de la escritura porque, cada vez que intentaba penetrarla, alguien, algo como una fuerza centrífuga me expulsaba hacia el exterior. Así que me instalé en las afueras. Los arrabales tienen la ventaja de ser más cómodos: hay más espacio, son más baratos, no hay atascos. Debo decir, en mi defensa, que los suburbios no son siempre esos pozos oscuros que pintan en la televisión. Digamos que, viviendo en Montreuil, una puede formar parte del mundo intelectual parisino sin tener que dejarse la vida por un metro cuadrado en un séptimo piso sin ascensor. Los suburbios no son siempre oscuros; pero siempre son grises. Una nunca se va a tropezar con Cortázar si no atraviesa la Porte de Gentilly.

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4 pensamientos en “Esto lo escribí una vez…

  1. No estoy segura de ese “siempre”, Mata. Es verdad que muchas cosas nacen donde nadie las ve, en los arrabales, y después se extienden, se copian, se homogeneizan y entonces, suelen perder el impulso y la originalidad que tenían. De hecho, ése es el centro que yo busco, el de la génesis 😉

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