Perdón (Sobre la significación política de las víctimas)

Conferencia de Reyes Mate en la Biblioteca Nacional. La sala está llena. Presentaciones de rigor, aplausos de rigor y el filósofo empieza a hablar. Ese silencio no es de rigor, porque trasciende el no-sonido: no hay miradas perdidas ni móviles de refilón, no hay suspiros ni, mucho menos, miradas encontradas de por dios cuándo acabará esto. Mate no mira sus papeles y sí nos mira a nosotros. Sonríe, piensa lo que va a decir y expresa con esa voz pausada conceptos que van desde la escuela de Frankfurt hasta sus propias teorías sobre las víctimas. Todo claro, todo sin fisuras. Para Mate, como para muchos otros, no hay justicia sin memoria. Nuestra vida está construida sobre las vidas de aquellos que fueron víctimas antes de nosotros y nos corresponde responsabilizarnos. O somos culpables, o somos testigos. Todo esto ya lo dijo Benjamin, ya lo dijo Foucault y ya lo dijeron muchos otros. Pero Mate sigue; la memoria sola no es suficiente. Hace falta el reconocimiento por parte del victimario y el perdón por parte de la víctima. El perdón.
Termina la conferencia; empiezan las preguntas. Sin esperar a que le den turno, una señora empieza a hablar. Tiene unos setenta años. Usted habla del perdón, dice, de que las víctimas tienen que perdonar. Habla despacito. No es argentina. Levanta el antebrazo y lo muestra; yo estuve en Auschwitz y en seis campos de concentración más. Estuve en el gueto de Varsovia. Menos mal que sólo hay una vida, dice, no dos ni tres. Menos mal que sólo hay una vida; yo nunca había escuchado algo así. Yo no sé lo que es el perdón, sigue diciendo, y grito, junto con otros seis millones, no perdonamos. Grita no perdonamos. Algunas personas lloran. Termina y más silencio. Reyes Mate dice no tengo nada que decir. Yo creo que nadie puede obligar a perdonar, que el perdón es opcional, que sólo la víctima puede hacerlo. Y usted tiene todo el derecho de no hacerlo. Es brillante, ese señor.

Al salir, hablo con M. Me avergüenza decirle que, mientras esa señora hablaba, yo he pensado inmediatamente en Palestina y en cómo podemos ser ciegos ante determinadas injusticias y tan lúcidos con otras. Ella me dice que ha pensado lo mismo y que cree que el noventa por ciento de la sala también.

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